No encontraste la manera de conocer mi alma que pendía del hilo más delgado, pero elástico, tanto así, que aún estirado daba seguridad y consuelo.

No supiste cómo hallarme, acostumbrada como estaba a suspirar por horas, me había quedado adherida a los confines del viento.

No entendiste mis palabras, que creíste letanías, que supusiste reclamos, que asumiste como dagas para ahuecar tu estómago.

No te aferraste a mi mano, como la noche del primer concierto, cuando dormidos con las ranas apaciguábamos nuestros cuerpos, luego del trajín de los sentidos. 

No escuchaste la súplica: el vente que es tarde, el no te vayas que es temprano, el no te quedes que no es tiempo. 

Ya es momento de remontar la travesía inversa al lugar de los inicios, pero no depende de nosotros ni siguiera depende de Dios.

Hay frío otra vez, huele a leña y cenizas, briznas de paja muerta se pegan en las gargantas.

Habrá que salir de la caverna inventada y ensuciarnos los pies con el barro reseco hasta que la armonía vuelva a funcionar y encajen las muescas con destreza.

Yo estaría lista, pero  espero por tu traje de viajero elegante con voz gentil y tu sombrero de tela beige para que empieces el canto.

Mientras tanto, solo por esta vez, me meceré en tu misma telaraña. 


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