No había luz, nada rato en estos últimos tiempos, también había calor,  por lo que habían decidido salirse al patio donde  los chinchorros, habituados a pernoctar con sus amos, eran  mecidos para espantar los zancudos.

Así se enumeraban las estrellas y los mayores le explicaban a los niños los nombres de cada uno, estos preguntaban lo mismo cada noche, pero esa noche fue  diferente.

«Pide un deseo» le dijo la niña a su hermanito, aquí hay una estrella que se mueve, él niño dijo: «Quiero que venga mi papá», la niña se apresuró a corregirle, que no pidiera en voz alta porque no se le cumpliría.  El advirtió  entonces que había muchas estrellas luminosas y que tendría para pedir más.

La madre sonrío con esperanza viendo la cantidad de luciérnagas que esa noche se camuflaban de estrellas para animar a los niños a pedir todos los  deseos.

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Esta es mi entrada para el reto de escribir en cinco minutos al cual invita @latino.romano, aquí. 


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