Con frecuencia escuchamos expresiones donde se afirma que alguien en particular cambió la vida de otro. Mujeres le otorgan ese poder a su pareja creando con ello una dependencia engorrosa como toda dependencia.

 

Pensar que alguien de afuera tiene la posibilidad de cambiarnos es quitarnos nuestra propia valía, nuestro propio poder. Dos personas pueden responder totalmente diferente ante un mismo estímulo, una asumirá lo que esté viviendo de manera positiva y con entusiasmo, la otra puede asumir la actitud contraria.

 

Cada uno es responsable de su propia vida, ni los padres, hermanos, pareja, hijos, tutores o mentores, entre otros, tiene el poder de transformarnos a menos que le otorguemos esa potestad. Esto también se asume desde el lado negativo. Un hombre celoso o abusador puede dársele la atribución de que nos dañe la vida, pero también tenemos nosotras el derecho de salir de esa relación dañina para evitar que nos sigamos haciendo perjuicio con ella.

 

En muchas situaciones “el qué dirán” se convierte en un freno para tomar decisiones, las personas abusadas sienten que se les va a juzgar o recriminar y en el peor de los casos acusar de las consecuencias que tenga la toma de decisiones. Decir por ejemplo: “yo era de tal manera hasta que conocí a fulano” es otorgarle un poder a esas personas para que aún en ausencia sigan haciendo daño.

 

El bienestar personal solo lo siente la propia persona que lo está viviendo, y este dependerá de las exigencias que  se haga a sí misma. Para alguien puede significar tener libertad de acción, para otra puede ser el tener tiempo para realizar una actividad que le gusta mucho. Cada uno tiene el poder de decisión para ejecutar las acciones que le cambien la vida, para bien, o para mal.

 

Dice el argot popular: “el que va a caer no ve el hueco” muchas veces las personas tenemos malas decisiones que nos llevan al caos, pero somos nosotros los responsables de ellas por haber tenido poca valoración personal y haber tomado la determinación incorrecta.

 

¿A qué nos lleva todo esto? Se puede aprender a tener autoconcepto a cualquier edad. Cuando la joven tiene claridad en sus metas, se le ha respetado en su formación, se le ha permitido hacerse un criterio personal es más factible que ella asuma los cambios en su vida de manera personal  con seguridad y pueda decir en algún momento: “soy autora de mi propia vida y la principal protagonista”.

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