Es hermosa la vida, pero también lo es escudriñar los entretelones que se muestran en el devenir.

 

Un poco antes del fin

Los ojos se adelantan a hurgar lo nuevo.

Nunca trepé los árboles.

Nunca subí cerros.

¿O sí?

Quedó tan lejos,

que ni el recuerdo osa remontar espacios.

 

Es una necesidad no dejar la escena

hasta no haber aprendido el papel principal:

el de la protagonista

y el del autor del cuento.

 

Conocer los personajes,

sus puntos de vista,

sus equivocaciones,

y desde atrás del telón impulsarles a salir al frente,

esas, siguen siendo las motivaciones eternas.

 

Pero llegará el final,

habrá que dejar el guion

seguir de espectador ante el propio fin,

sin que una lágrima testaruda se adueñe del acto,

hasta que una sonrisa triunfante se esboce por fin.

 

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