No seas rencorosa ¡Mija!

Dime lluvia ¿qué te pasa?

Te has ofendido tal vez

¿Te compadeciste al vernos

escurrir  una y otra vez?

 

¿Te apiadaste de mis gotas?

No, pues, ¡qué ego el mío!

Pretender tal vez que yo…

Pero es que era un “gentío”

 

Mi clamor era el de miles,

quienes sin techo ni fragua

veíamos caer el mundo,

si el cielo manaba el agua.

 

Tu desbordante elocuencia,

sin tregua para acampar.

Ahora ni un trueno siquiera

que se atreva a amonestar.

 

Hoy tus nubes caprichosas

Juegan a “mira que te engaño”

Y todos atentos con los tobos

Pa aprovechar y darnos un baño.

 

Pero solo cuatro gotas,

que no completan el ciclo,

las he contado: son cuatro,

no humedecen el camino.

 

Hastiadas se ven las plantas

castigadas por el sol,

añorando que una charca

les dé vida y esplendor.

 

También los animalitos,

agobiados desesperan.

¿Qué naturaleza es esta

tan lóbrega y agorera?

 

 

No seas rencorosa ¡Mija!

Te lo pido de favor,

danos un poquito de agua

o bájale dos al sol.

 

Fíjate que ya no pienso

entre desvaríos me encuentro,

mientras espero que llueva

y se quite este tormento.

 

Porque el calor, señores,

aquí no es cosa de juegos.

O nos refrescamos pronto

o nos quedará el huesero.


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