Hay un día cuando te llega a la mente esa gente que ya no está, pero un día estuvo.

Su recuerdo horada con insistencia, es como si quisieran que pensáramos en ellos.

Entonces todo se les parece,  los sientes tan cerca que  sin darte cuenta te ves cantando las letras que entonaban ellos y hasta repitiendo sus frases.

¡Ah memoria tan tramposa! Empeñada siempre en hacernos revivir lo ido.

Que quizá esté la aspiración de la felicidad en el deseo de que las cosas se repitan.

Y mírala allí instalada, asumiendo que el momento pasado fue el mejor

Construyendo de nuevo los espacios, esparciendo aromas, recorriendo lo vivido,

como si de verdad nada cambió

como si de verdad todo está quieto

Hasta que abres los ojos y tomas consciencia.

Una tenue sonrisa se presenta cómplice del sentir.

Y entonces agradeces

Qué fortuna haber conocido esos seres que te antecedieron en el camino verdadero.

Valió la pena haber transitado con ellos el sendero.

Valdrá la pena seguir la senda.

 

 

 

 

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