Si el mundo fuese Hive,

como si la teletransportación sí existiera,

yo llegaría a tu calle, a tu casa

y te diría: ¡Hola, gusto en saludarte!

¿Me recuerdas? Me has leído,

soy yo, @charjaim.

Con gratísima amabilidad tú responderías.

¡Claro!, he leído sus poemas y ocurrencias,

pero pensarías: “la imaginé más joven”.

Yo sonreiría y ya no sabría qué más hacer, qué más decir

tan acostumbrada a solo hablar en estas líneas.

Un poco nerviosa te diría:

he compartido tu post,

me pareció maravilloso.

Y seguiría por las calles de Hive.

En esta realidad sin tapujos:

todos sonríen,

todos saludan,

todos tan recíprocos.

fuente

Las calles tienen pliegues.

En algunos se esconden los espías,

están cazando a los inauténticos.

También hay hoyos como cráteres,

de cada uno surge un usuario nuevo.

Unos me ofrecen tips para saber de criptomonedas y blockchain.

Otros, me piden que corra que será bueno para mi salud.

Muchos ofrecen sus creaciones culinarias.

Algunos cargan zapatos distintos en cada pie

camisetas y viseras con publicidad,

me aclaran: pertenecen a varias tribus y comunidades.

Mientras trato de entender,  algunos se hacen cada vez más grandes,

otros se van desgastando como bañados en legía.

Una joven sonríe,

era cierto lo que escribía,

ríe hasta por los ojos,

de pronto sus carcajadas se hacen más fuertes

y me pregunta:

¿Dónde dejaste tu arroba?

Comienzo a gritar sin lograrlo,

Solo abro la boca y hago esfuerzos para que me escuchen.

Ahora siento que me tocan en el hombro.

Abro los ojos y me incorporo de inmediato.

Me había  quedado dormida luego de responder el #Reto12Votos.


 

 

 

 

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