Cuando la crisis oprime siempre queda la esperanza.

Ellos caminaban sosteniendo la punta de la cuerda.
No dejaban de estar atentos.
Intuían que en  cualquier momento
se ajustaría un poco más,
Y cómo dolería.
Los ojos cansados,
los párpados caídos,
los pasos lentos,
los músculos perdidos.
Ellos habían aprendido
a relajar el cuello con la risa,
Lo único que no les habían podido quitar.
Así, la soga estrechaba menos.
La garganta guardaría la marca,
las huellas por haber llevado la presión por tanto tiempo.
Ahora que les habían obligado a tapar la sonrisa
se aferraban al gramo de esperanza que les quedaba.
Cada día la sopesaban para ver cuánto quedaba,
y la expresión de fe se asomaba a los ojos.
Ha sido largo el viaje de la espera.
Han aprendido a convivir con el escarnio.
Desconocen hasta cuándo.
Lo único que sí saben es que resistirán.

 

 

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