Si estamos más atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor podremos tener momentos mágicos.

Mi nieto recorre el patio de un lado a otro y mueve los brazos, a veces parece que intenta un vuelo, un ave quizá, pero también podría ser un avión. Al rato hace pasos más grandes, trata de esquivar las zonas soleadas y pisa solo las áreas oscuras, pero sobre todo habla, lo hace en voz alta como que mantuviera una amena conversación con alguien. No trato de entender su mensaje y mucho menos interferir en lo que hace. Solo sé que se entretiene. Lo que sí sé es que eso mismo hacía yo a su edad y eso duró por varios años.

 

El mundo de los juegos es un territorio que todos hemos explorado en nuestros años infantiles. Un espacio particular sin un contexto determinado pero donde cada uno encontró largo rato de ensimismamiento para simplemente ser.
Las condiciones para crear el mismo, siempre fueron las que cada quien consideró como suyas: subirse y estarse largo rato encima de un árbol; hacer su casa con techos de sábanas; en el patio debajo de los árboles que dan espacios de luz y sombra; en un pasillo, un zaguán, el dormitorio.

 

Nace así el amigo imaginario. Este no tiene impedimentos para jugar en el momento que se le invite. Se deja guiar y nunca quiere ser el líder del juego. No se molesta cuando pierde. Su vida es infinita. Es amable, respeta el turno de palabra, o sea, no interrumpe para imponer su criterio. No golpea, no critica, es perfecto.

fuente

En el juego el tiempo no existe o en todo caso es un tiempo personal, transcurre sin que el niño se percate de cuánto ha pasado desde que comenzó a jugar hasta que le interrumpen para que coma o duerma, pero tampoco hay la representación de día o noche que concuerde con la realidad.

 

Cuando el espacio es externo y no puede hacerse la representación teatral que hemos llamado juego, por condiciones atmosféricas o castigos, una inquietud o extrañeza se apodera del ser. Comienzan a surgir manifestaciones o emociones que eran desconocidas, empieza la negociación con la tristeza.

fuente

Los cuentos infantiles ofrecen el escenario adecuado para que el niño repita vivencias, sueñe con lo que hacen los personajes, refuerce su imaginación e integre el juego personal a los mismos. Luego los escucharemos imitar las voces de los personajes conocidos a través de la literatura, estos se incorporarán al rato de juego y esos mundos nuevos aprendidos a través de historias serán parte de sus ensoñaciones. Querrán seguir conociendo otros contextos y ese viaje interior se enriquecerá y se volverá experiencia.

Un buen momento para iniciarlos en el maravilloso mundo de la lectura está ahí.

fuente

 

 

Imágenes tomadas de Pixabay con su respectiva fuente. La principal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *