El cuaderno del desahogo – Experiencias personales

 

En mi educación primaria los cuadernos solo se utilizaban para asentar las actividades escolares.  Cuando estaban viejos podíamos usarlos para escribir lo que quisiéramos, lo llamábamos cuaderno de ensalada, porque allí había de todo, juegos, chistes, recuerdos, firmas, tarjetas, y lo que fuese que quisiéramos registrar allí.

 

Cuando trabajé en aula propuse el Cuaderno de Creatividad, (cada año le cambiaba el nombre) en el mismo cada estudiante coleccionaría aquellas formas o creaciones donde la escritura tuviera algo que ver.  Al final del año revisaba y exponíamos: álbumes de adivinanzas, retahílas, canciones, refranes, cuentos, poesías, pensamientos, caricaturas, graffitis y más.

 

En días de encierros como estos, donde vivimos una cuarentena, ese cuaderno se convierte en un catálogo de vivencias y experiencias que pueden ser inclusive compartidas y es lo que voy a hacer ahora.  Les presento entonces el:
Lo llamo así,  porque lo que allí plasmo me permite horas de esparcimiento y en muchos casos fue un desahogo para situaciones límites que estaba viviendo.

Seguramente has tenido la necesidad de querer gritar muy fuerte, estar en un lugar despoblado donde puedas hacerlo a pleno pulmón, pero no puedes.  Hace varios como seis o siete años mi nivel de estrés había llegado a niveles inimaginables, entonces me puse a dibujar rostros que mostraran gritos, no me quedaban como quería hasta que encontré en internet esta imagen y me puse a representarla, debo decirles que hacer ese dibujo fue bastante relajante y cada vez que me sentía angustiada buscaba el mismo y lo retocaba.  Ahí quedó en mi cuaderno como muestra de esos días.

 

No he tenido la paciencia para hacerlos, pero veía en esta  blockchain que varias personas nos invitaban a crearlos, y un día me puse a intentar algunos, creo que es una tarea inconclusa.  Hice varios que están allí en mi cuaderno de desahogo, la experiencia fue también agradable pero reconozco que debo insistir más.

 

Lo que tienes cerca es siempre motivo de curiosidad: una cucharilla, una taza, un paño doblado que asume formas caprichosas, unos lentes, unas tijeras, todo puede ser dibujado.  A veces pintar una cebolla y un tomate que es lo único que hay para aliñar la comida es una manera de hacerlos perdurables en el tiempo, que no en la boca.

 

 

Con mis nietas suelo jugar a que inventamos personajes para historias que creamos y olvidamos.  Mi sueño de ilustradora de cuentos infantiles también está a medio camino, pero me gusta, y hacer garabatos que luego se convierten en un  protagonista de un cuento, es una actividad que me permite quitar la monotonía a un día de cuarentena.

 

De cualquier manera podemos dibujar eso que nos pasó y ocasionó un disgusto.  Que nos deje el autobús, que se nos queden las llaves dentro de la casa, conseguir cerrado el lugar a dónde hemos ido a adquirir un bien, y otras tantas más, se vuelven motivos para un pequeño dibujo, esto le resta mucho de la frustración del momento y pasado el tiempo cuando encontramos el papel nos reímos del incidente y vemos que pudimos salir a flote sin mayores consecuencias.  Es muy aleccionador.

 

 

Cómo relaja pintar el detalle de una obra conocida, tomar un recuadro y tratar de representarlo es algo que nos toma un tiempo y requiere de nuestra concentración. Aquí un intento de El Nacimiento de Venus de Botticelli.

Hacer una acuarela requiere tener el papel adecuado porque esta pintura lleva suficiente agua, a veces es un reto tratar de hacerla en el papel incorrecto, requiere apuro y atención al agua, e ir secando para que no se enchumbe el lienzo.

 

Y  hasta aquí una muestra de lo que mi cuaderno de desahogo tiene y ha tenido, hasta que ya lleno vuelve a ser sustituido por otro.

Todas las imágenes de este post me pertenecen, he elaborado los títulos con el programa Canva.com.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *