Cuando llegué a vivir a estas tierras llaneras hace más de treinta años, uno de los fenómenos que más me llamaba la atención era la intensidad de las lluvias.  Aquí llovía de verdad, no eran aguaceritos sino lo que llamábamos “palos de agua” y más adentro en el campo se les decía “tumba araguatos”.

 

Recuerdo que podían pasar hasta tres días de lluvia permanente, las calles se anegaban y ver pantano por todas partes era normal.  Algunas veces era imposible enviar los niños a la escuela,  dirigirnos al trabajo se hacía complicado por lo intenso de los aguaceros que no bajaban su ímpetu.

Llegué a sentir frío y a usar suéteres.  El sol se ocultaba tanto tiempo que lo echábamos de menos para que saliera a hacer su parte y se secaran los patios y calles.

 

Esto fue cambiando muy paulatinamente, en los últimos años las lluvias han sido benevolentes,  y hasta cómodas, algunas veces solo llovía en la madrugada y los días eran soleados, otras veces ocurría todos los días a la misma hora, dos o tres horas de lluvia y ya.

 

Por esto que todos los venezolanos padecemos donde se nos hizo complicado renovar la pintura de las casas  o el manto de los techos, se comenzaron a formar goteras, que se convirtieron en verdaderos problemas en la época de lluvia, y por una u otra razón resolver esto,  se volvió una odisea porque cuando por fin se podía comprar el manto, no había el gas para colocarlo.  Todo esto hizo que se acumulara el problema y se dijera ahora llueve más adentro que afuera de las casas, porque una vez el cielo dejaba de llorar, quedaba el techo filtrando en un tilín perpetuo.  La lluvia en estos casos se convertía en  un mal necesario.

La época de lluvia comienza en abril, ya vamos a mitad del mes  de mayo y solo han caído lloviznas.  El cielo se viste de gris, salimos a recoger las ropas tendidas en las cuerdas para que se seque, por precaución, pero  no, no cae ni una gota.

 

Las plantas amarillean, la tierra tiene sed y los cuerpos requieren el frescor necesario para resistir el día a día, sobre todo cuando se vive en una temperatura que pasa fácilmente los 38 grados bajo techo.

Cuando comencé a escribir esta publicación estaba bastante nublado y al terminarla hay un sol radiante y las nubes grises ya no están.  No lloverá, pero un aviso de Youtube me muestra la posibilidad de un video de música relajante con sonidos de lluvia.  Así están las cosas.


 

Y si lloviera esta tarde,

mientras yo te estoy pensando.

Se despertarían los lirios,

los crotos y tulipanes.

Se vestirían de cristales

 las flores y los rosales.

Se aclararían los presagios,

reverdecerían los campos,

del color de la esperanza.

Nuevos matices saldrían

para apaciguar el alma.

Y soñar sería más fácil,

Pintar sería necesario

para dejar el registro

de que todo ocurriría

solo si lloviera esta tarde.


 

Contenido original

Todas las imágenes utilizadas en este post pertenecen al archivo personal de Francisco Cróquer, @panchocroquer. Y han sido cedidas para el mismo.


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