Todos necesitamos amar y que nos amen, esa es una realidad.  Muchas veces buscamos el amor por los rincones y olvidamos que lo tenemos más cerca de lo que nos imaginamos.  Nadie debería sufrir por amor, porque este sentimiento universal nos arropa durante todo el día.  Siempre existe alguien a quien le importamos, le dolemos y nos echaría de menos en cualquier circunstancia.

 

El amor es la fuerza de vida, la magia, la belleza, la sensación que dicta que todo está bien y que hay que seguir adelante enfocados en lo que queremos, sin que las circunstancias diarias nos abatan o nos marquen pautas para no estar bien.

 

Hoy, mientras buscaba acerca de qué escribir en la red, uno de mis nietos me colocó un sobrecito encima de la mesa, en el mismo momento en que otra hija venía a hablarme de una situación doméstica, de eso se derivó otra acción y otra y otra y el pequeño envoltorio quedó ahí.  Me levanté a hacer algunas cosas y cuando volví a la mesa lo vi y lo abrí.

 

 

Una hoja de cuaderno hacía las veces sobre y dentro de él, otra, escrita con letras pequeñitas;  en la parte superior  decía: de Daniel para rosario y en la parte de abajo “Te amo mucho”.  Un suspiro profundo, una sonrisa inmensa y el día apagado por la ausencia de agua y otras dificultades se ilumina y todo eso pasa a un segundo plano, la vida se encarga nuevamente de colocar las cosas en su respectivo lugar.

 

Un “te amo mucho” espontáneo, sin que sea un día específico ni una asignación escolar.  Algo que dictó la voluntad de un niño, este de manera intencional daba vueltas por el lugar esperando que me diera cuenta de su misiva, y recibió con orgullo ese abrazo de abuela que dice también que todo está y seguirá bien.

 

Contenido original

Imagen principal diseñada por mí con el programa Paint Tool Sai.

 

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