En un círculo vital

Hoy he querido recrear un aspecto de la vida que suele parecernos nefasto pero realmente no lo es, son las leyes de la naturaleza, necesarias y lógicas para todo siga su curso.

 

Eran tiempos nuevos, hasta los animales hablaban.  Ella  le dijo a su polluelo, “salgamos a pasear aprovechando que no hay humanos”. Él no lo pensó dos veces, ya hacía tiempo que no veía a nadie apuntándoles con cualquier objeto, porque quienes  no los querían para hacerles daño, se antojaban de capturar sus imágenes: el humano siempre quiere sacar provecho de todo.

 

Sería bueno pasear encima de su madre y simplemente dejarse llevar.

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Esos no eran los planes de mama Cisne quien al ver la tranquilidad del lago sin nadie que les molestara decidió dejarlo solo para que se remojara un rato.

 

Él agarró confianza, sintió la libertad, el frescor de las aguas.  Todo le era propicio.

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Mamá  reconoció que una travesía como esta sería mejor en familia, y todos, hasta papá cisne, decidieron surcar las aguas en busca de alimento y esparcimiento.  La familia es lo mejor, no cabe la menor duda.  Todo lo que se puede compartir en un grato de solaz es inconmensurable.

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Pero en la naturaleza no se desarrollan los hechos de manera tan sentimental, es la mano del hombre quien toma las fotografías en el momento preciso, la del hombre bueno, la que no va a matar sino a ayudar y a mostrar a los otros las bondades de Dios.

 

En esas elucubraciones estábamos sin notar la mirada acuciosa y penetrante de un depredador.

 

La vida es así y como tal debemos aceptarla y tratar de intervenir lo menos posible.

 

 


 

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