Ser madre, realidad y compromiso – Reflexión

 

Qué sentimiento de bienestar y plenitud el que se siente cuando se es madre. No voy a considerar los casos de quienes piensan que no estaban preparadas o no querían o cualquier otra mirada negativa, porque al final de los días, la mayoría quiere recuperar ese amor perdido y busca la manera de relacionarse con ese hijo, en el mejor de los casos.

 

Me quiero referir a la cantidad de mujeres que asumieron la maternidad con orgullo y se crecen con cada uno de los pasos que dan sus hijos. La maternidad es un privilegio, visto de esa manera, como un regalo divino, como una responsabilidad preciosa, las acciones que se realizan se decantan por caminos que dan mucho beneplácito.

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Desde que se produce la concepción, el cuerpo y la mente comienzan a cambiar, ya se deja de pensar en sí misma para enfocarse en un nosotros. Comienza la preocupación por ese ser a quien debemos protección por encima de todas las cosas. Un sentimiento nuevo comienza a tomar forma.

 

Llama la atención que a pesar de ser la maternidad un hecho natural y si se quiere rutinario, aún subsistan políticas asistenciales que provocan ansiedad en la futura madre y familia. Los criterios que se siguen son tan variopintos como lugares hospitalarios y médicos existan. Cada uno se maneja a su manera y en muchos casos los elementos para tomar decisiones son externos al hecho mismo de dar a luz, como la inseguridad, la electricidad, la economía, las tradiciones y otros.

 

Por ejemplo, en los últimos años, hemos visto como las cesáreas han adquirido auge, porque el obstetra no puede atender emergencias nocturnas, y en muchos casos la paciente tampoco, por lo que es más “cómodo” planificar la cirugía para un día específico en una hora determinada, que asegure inclusive la habitación para la paciente. La planificación de estos elementos da cierta tranquilidad, la idea de que todo está bajo control; aunque la cesárea haya significado siempre un mayor riesgo. Por muchos programas y páginas web que se revisen antes, la realidad será una, la propia, que quedará registrada, con lujo de detalles, para toda la vida, así se tengan muchos hijos.

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La madre primeriza se enfrentará luego a las expertas: suegra, cuñadas, tías, primas, vecinas, amigas, y madre propia, cada una con su lista de sugerencias, en algunos casos contradictorias, que deberá sortear, eliminar o tomar según su propio criterio tratando de no perder el rumbo, comienza aquí el camino de la sobreprotección, para impedir que otros tengan poder en su propia toma de decisiones.

 

Seleccionar pediatra, escuela, deportes, tiempo libre, cuidadoras, entretenimiento, lugares de esparcimiento, y resolver que está bien y qué está mal, en un recorrido que va creando a su vez otros, a medida que el niño va adquiriendo autonomía y sus decisiones empiezan a contar. Todo esto enmarcado en un proyecto personal donde la educación y los valores están permanentemente ahí en esa formación del ser humano que se quiere.

 

Es una responsabilidad inmensa ser madre. Los desaciertos van a repercutir en cómo se asume la crianza y los logros que se desean. No es algo que se pueda dejar al azar o a la forma “como vaya viniendo vamos viendo” no, anticipar los hechos y tomar previsiones parece ser la medida pertinente en muchos casos sin perder de vista ese principio que igual se nos inculcó a nosotros y que tiene que ver con el amor, como la fuerza principal que debería mover al mundo.

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¿Cuándo piensa una madre en todas estas cosas? ¿Cuándo analiza un hijo todo esto? Quizá ese día destinado cada año a valorar a la madre esté puesto en el calendario con ese fin, pero la realidad es que el corazón de la madre está permanentemente sopesando sus acciones y anticipando los resultados. La madre ve lo que nadie más puede ver, intuye, siente con un poder especial que le es dado de manera intuitiva. Adivina y acierta con suma facilidad.

 

Un día se enfrenta a otra realidad: los hijos están todos grandes, conformando cada quien su propia familia. Reflexionar es algo que se hace con más frecuencia, ahora se ve a los hijos criando a los propios, repitiendo quizá sus mismas aprehensiones, provoca decirles que todo está bien, pero se sabe que ellos deberán pasar sus propios procesos, nuestro rol quedará en pausa hasta que nos pidan un consejo, pero sabemos que aunque no nos toque participar, que nuestro liderazgo ya pasó, la intuición sigue intacta.
Tu comentario siempre es valioso para mí.

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