Los juegos perversos en la pandemia – Sarcasmo-reflexión

 

El juego ha sido una actividad realizada por el ser humano desde sus orígenes, algunos implican destrezas físicas, otros, intelectuales.  Matar el tiempo con alguna actividad lúdica es común en cualquier grupo.  Los juegos de mesa, los que requieren papel y lápiz o algún tipo de ingenio son los preferidos para quienes disponen de poco espacio físico para desarrollar otras actividades que requieren movimiento o ejercicios físicos.

 

En este punto convergen  quien participa y quien diseña el juego.  Ya vamos entrando al tema y me ubico en este momento actual donde vivimos una pandemia.  En cada hogar sus integrantes tratarán de crear condiciones para entretenerse y eso está muy bien, es útil para los adultos mantener la mente ocupada y lo es también para los niños quienes se recrean y disfrutan del intercambio con hermanos y mayores.

Entre el chingo y el sin nariz

Analicemos ahora cómo juegan los que mueven los hilos y los jolgorios que  se producen.  Estamos obligados a jugar, no tenemos otra opción.  Se dice que para evitar este virus lo ideal es evitar aglomeraciones.  También se asume que mantenerse en casa es la medida más indicada, no obstante,  en cada hogar siempre algún integrante de la familia  necesitará salir, por las razones que sean.   Lo ideal sería que pudiera hacerlo a lo largo del día, para evitar encontrarse con otras personas,  pero esto no es lo que ocurre, por alguna sana diversión, se obliga a que asistan en un horario controlado, que suele terminar a las 2pm.  El resultado es que hasta esa hora se mantiene un ir y venir de personas con tapabocas, que se ven obligadas a hacer colas para adquirir alimentos y por supuesto a aglomerarse.

El gato y el ratón y a que te atrapo

A partir de las 2 de la tarde comienza el toque de queda.  O sea, nadie puede andar en la calle.  Hay que quedarse en casa.  Ya no hay transporte y quienes no pudieron terminar de hacer sus diligencias antes de esa hora, o están saliendo de sus trabajos informales,  van apurados de regreso a sus hogares; el juego consiste en esconderse en portales, zaguanes, solares vacíos,  mientras pasa el convoy o  cuadrillas con efectivos que andan cazando incautos, por decirlo de alguna manera.  Por donde vivo se hace con los llamados youtones, ese servicio de transporte que en la mañana lleva pasajeros pero en la tarde y noche juega al «Gato y el ratón y a que te atrapo”, entonces con ayuda de policías motorizados acorralan al ciudadano común, que no le queda otra que subirse al vehículo, atestado igualmente de policías que le amonestarán y aplicarán la represalia.  Ese perdió.

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Hay muchos juegos que tienen una penitencia o castigo, toca devolverse y comenzar de nuevo, hacer lagartijas, bailar o hacer lo que el capitán del juego indique.  De igual manera en nuestro imaginario lúdico hay un castigo para quien ha violado las reglas de juego.  Ese que se agarra infringiendo la norma hay que obligarlo a expiar su culpa, no importa si salió a comprar remedios para una madre o un hijo  enfermo o va de regreso a casa, no hay derecho a pataleo.

Entre las retorcidas medidas que asume el  castigador del momento están:

  1. Llevarlos a todos a un sitio de confinamiento. ¿Se olvidó que allí estarán todos aglomerados? Sí, una sonrisa malévola y un frotarse las manos parece parte del frenesí.
  2. Llevarlos a un campo abierto y obligarlos a hacer sentadillas, repitiendo al unísono: “debo quedarme en casa” mientras son grabados y el video, posteriormente, subido a la red para nuevo frote de manos y sonrisa de regocijo.
  3. Llevarlos a varios kilómetros de distancia del lugar donde fueron encontrados, alguna zona lejana donde no tengan otra opción que agarrar el camino de regreso a casa, igualmente caminando, con el agravante de que vuelven al comienzo del juego, esconderse para no ser nuevamente reclutados. Una especie de ludo, donde no te sale ni el 1 ni el 6.

Muchos juegos ofrecen salidas si pagas o das una prenda, por lo que esto también es utilizado en estos adefesios lúdicos, puedes dar algo a cambio para dejarte ir a tu casa con lo cual habrás igualmente perdido:  tu ganancia, la comida de tus hijos y tu dignidad.

 

Existe un virus latente, que se reactiva cada vez que quiere, no se le ha conseguido cura y su contagio es inmediato, se reproduce y multiplica de manera abrumadora.  Se llama MALDAD.

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