Flauta exhausta – Cuento – Mensaje diario de cinco minutos 31 de marzo de 2020

Escribir durante cinco minutos a ver qué surge, esa es la propuesta que se hace aquí.  Y esta mi participación. La palabra generadora para el día de hoy es flauta.

La flauta exhausta
Las vecinas corrían de un lado a otro e iban tocando las puertas de las otras casas. Un extraño ruido salía de la habitación de doña Eulalia; poco a poco se iban sumando otras personas con visible curiosidad. Todas aguzaban el oído y coincidían en que algo malo parecía estar pasando. Doña Eulalia era una señora con más de ochenta años. Había vivido sola en esa casa desde hacía años, era muy querida por su propensión a hacer el bien, siempre dispuesta a ayudar. Tenía plantas aromáticas medicinales  para cualquier dolencia. Ellas le retribuían  con algunos huevos, panes y estaban pendientes de ayudarla. Los hijos y nietos la visitaban con frecuencia y también les llevaban alimento o la sacaban al médico. Ella siempre quiso vivir sola.
Esa noche un sonido distinto, con intervalos, salía y volvía a perderse, parecían gritos minúsculos agudos. ¿Y si no tiene fuerza para levantase? se preguntaban las curiosas entre sí. ¿Le tumbamos la puerta?, ¿por qué no llamamos a la policía? Decían otras. “Mejor llamémosla”, “es muy sorda, no nos va a escuchar”. Cada quien daba su opinión acerca de qué hacer. Entonces comenzaron a lanzar pequeñas piedritas a su ventana. Algo debe haber sentido Doña Eulalia porque al rato se asomó por la misma con una flauta en la mano, sopló suavemente y el gritico agudo ahora se sintió más fuerte. Eso era lo que hacía, soplaba con su precaria fuerza y creaba su peculiar música. Nada de qué angustiarse.

 

“En estos pueblos nunca pasa nada” se lamentó una vecina que también vivía sola.

 

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