Desde siempre me llamó la atención esa distinción que se hace entre lo bonito y lo feo. Nada más difícil de dilucidar que esto. Lo que para alguien es bonito para muchos puede no serlo y viceversa. ¿Qué es bonito? ¿Qué es feo? ¡Vaya usted a saber!

 

Recuerdo una maestra que para enseñarme ortografía me decía algo más o menos así: “escribe la palabra y si no está correctamente escrita la vas a ver fea” y aún redundaba: “escribe las dos, la que esté fea es la incorrecta”. De más está contarle los esfuerzos que hice escribiéndola de una u otra manera y nunca supe cuál era la que estaba fea.

 

Después con el tiempo y gracias a la lectura pude adueñarme de la forma de escritura correcta y no por fea o bonita sino porque salía fluidamente al escribir, supongo que de tanto ver la palabra escrita se fijaba la ortografía. Pero no me quiero desviar del tema.

 

Sin embargo, supongo yo, que de tanto ver algo de una determinada manera comenzamos a considerarlo bonito y la ausencia de esos rasgos hará que algo se note feo. (No me acostumbro aún a considerar unas cejas pintadas de negro como algo bonito, pero es lo que abunda y quizá a la vuelta de los años si releo este post, notaré que habré cambiado de opinión).

 

Pienso que las mujeres somos las más aludidas a la hora de colocar una distinción, se nos ha educado bajo esos cánones, se ve feo una mujer vestida de una determinada manera, sentada de equis forma, bailando de tal modo, parada en tal lugar y un sinfín de prohibiciones que han ido cambiando a lo largo del tiempo. Antes por ejemplo, una mujer con pantalones o fumando cigarrillo era vista de manera peyorativa, como algo muy grotesco, hoy eso ha cambiado y puede verse hasta elegante.

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Hay una serie de hábitos culturales y cotidianos que están restringidos para ámbitos muy reducidos, donde las personas hablan o actúan sin que eso sea motivo de escarnio público, poco a poco esto se ha ido relajando y ya vemos en las redes sociales como hasta el sentido común se pierde y las personas se exponen públicamente con actos que podrían considerarse como feos o imprudentes; expresiones soeces, bailes, y provocaciones que van mostrando un mundo permisivo y poco coherente.

 

No intento pasar por pacata en esto, pero quizá a usted ha sentido pena ajena, al estar compartiendo con alguien, música o chistes de una red social y de pronto enfrentarse a algo realmente inusitado. Me pregunto: ¿qué hace que para una persona algo sea ofensivo y para otra no? ¿Por qué algunas personas se dan el gusto de subir elementos o situaciones de mal gusto sin pensar en su imagen o reputación? ¿Qué importancia tiene hoy en día la imagen personal? ¿Estamos obligados a ver lo que no nos gusta o que lo vean los niños, porque no hay límites en quienes publican? ¿El cerebro cambia la manera de percibir y va dejando de importarnos lo que consideramos inapropiado y nos acostumbramos a ello?

 

Este es un tema que da para distintos análisis, tu opinión es importante para mí.

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