Me piden patear la Lengua – Reflexión

Una joven me etiqueta en otra red social porque desea conocer mi opinión acerca de lo siguiente:

«Dejar sin efecto desde el año escolar 2019-2020 en toda la «malla»  curricular de educación primaria, básica y bachillerato que la ortografía, gramática y cualquier otra forma de expresión autónoma del habla oral y escrita de los niños y adolescentes sea evaluada como error y equivocación, teniendo los docentes en lo sucesivo que permitir la libertad de escritura en nuestros niños, niñas y adolescentes, como forma indeclinable de un nuevo pensamiento que vaya acorde con la libertad y soberanía de los pueblos sin incidencias tediosas  que sólo confluyen en el desestímulo y la frustración escolar de nuestros estudiantes».

 

Esto tiene tantas aristas que no sé por dónde comenzar.  Asistimos a un escenario donde  cada quien hace lo que le provoca, y no pasa nada, en los centros de salud cualquier persona tiene los medicamentos, algunos que requieren condiciones especiales para su traslado, conservación y uso,  van en el bolsillo de un motorizado que los revende, (por poner un ejemplo).  Hay negocios cuya insalubridad es tal que eriza la piel y funcionan a la vista de todo el mundo.  Se suele decir que es mejor ser amigo de un malandro que de un policía y otras tantas barbaridades, cómo diría una amiga “los pájaros disparándoles a las escopetas” aunque ya sabemos que esta expresión al revés también es un desastre.

 

La lengua, el idioma, ese compendio riquísimo de palabras y usos que se nos enseñó a amar, con la curiosidad perenne de querer saber por qué se podía decir, por ejemplo: “corrompido”, pero “rompido” no.  O por qué una palabra tenía un significado en un lugar y era lo opuesto en otro.  Qué cantidad de expresiones para expresar un sentimiento y volvernos poetas en el intento. Qué disfrute.

 

Ahora se nos pide que le robemos al alumno eso, que además de haberle matado la lectura, el gusto por el teatro, las matemáticas, las ciencias,  entre tantas más, ahora también le vamos a quitar el regocijo de conocer un idioma tan popular como lo es el español y dejarle en desventaja con respecto a otros países en el conocimiento y manejo de su lengua.

 

Puedo entender el fondo que esto conlleva,  es tan fácil para cualquier hablante ubicarse en el habla cotidiana, enarbolar todas las groserías conocidas y ramplonamente decir: “cuando haiga voy pa allá”.  Pero ubicarse en el uso estándar y poder leer los textos de escritores de habla española de distintos países, comprender y compartir lo aprendido es un privilegio que muchos de los que ostentan el poder no pueden disfrutar por carencias básicas de lecto-escritura y entonces se dan el permiso de patear lo hermoso, lo sublime, lo universal para volverlo bazofia, en aras de una malentendida soberanía de los pueblos.

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Hacerle este robo a nuestros niños y adolescentes es una canallada, es volverlos repetidores de que la lectura es aburrida y tediosa, tal como ellos la asumen; emocionarse con el aprendizaje es una actividad de la que se ha privado al niño y joven venezolano por mucho tiempo.

 

Asumir el aprendizaje de la lengua con una visión de respeto y valoración por las formas populares, describir los cambios lingüísticos que se dan en cada región, reconocer cómo el uso de la lengua nos ubica y habla por nosotros mismos, es muy diferente a promover el libertinaje en la manera de escribir que lejos de unirnos lingüísticamente nos separa y aleja del conocimiento universal.

 

Le corresponde a la familia en el hogar incentivar el estudio en general y rescatar la emoción por los descubrimientos, que mantenga alta la curiosidad en los niños para que puedan discernir y reconocer cuándo están en entornos mediocres y puedan formarse para la vida.  Qué compromiso.

 

Da vergüenza mostrar esta resolución por esta vía que leen tantas personas de otros países, pero es lo que estamos viviendo en estos momentos y hacerla pública sé que generará otras visiones y comentarios que siempre nutren.

Tu opinión es importante para mí.


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