Acumular anécdotas de nuestros hijos, sobrinos, ahijados, nietos y cualquier niñito cercano es algo que me gusta mucho y es también la propuesta de @topfivefamily quien invita a un concurso para que le contemos una anécdota infantil.

 

En los hogares se van acumulando las historias de los niños que van creciendo en los mismos. Hay adultos que conservan algún apodo producto de algo que ocurrió en la niñez, una palabra que pronunciaron diferente o alguna expresión que repetían siempre. En nuestro caso hemos acumulado tantos recuerdos que inclusive existen palabras de dominio de todos los de la casa y que se van incorporando al repertorio familiar y resulta extraña para algún foráneo, a quien habría que aclararle el sentido de la misma.

 

El concurso dice: una anécdota, lo que me obliga a filtrar de tantas, una, en particular.
Mi vida ha transcurrido hasta ahora, rodeada de nietos, los he ido viendo crecer y he estado bastante cerca de sus ocurrencias y modos de ver el mundo, desde que se despiertan hasta que se duermen.

 

Una mañana se levantó uno de ellos, tendría casi los tres años y se presentó la siguiente escena:

—Buen día, hijo
—Bendición, abuela
—Dios te bendiga ¿cómo estás?
—Bien.
—¿Cómo dormiste?
—Así — me dijo, su vocecita, mientras apretaba sus ojitos.

Me reí mucho y comprendí que su lógica infantil tenía más sentido que mi pregunta, que la entendía él de manera directa ¿cómo durmió? Pues con sus ojos cerrados.

 

En la imagen principal está el personaje del cuento, con franela azul, ya tiene siete años y en la parte delantera mi nieto menor, de un año, haciendo «ojitos».
Contenido original.
Imagen principal  de archivo personal, tomada por @panchocroquer.

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