Tomar acciones o postergarlas – Reflexión

Comienza un nuevo año, momentos propicios para hacer una recapitulación sobre la propia vida, los aciertos o desaciertos y cómo nos sentimos al respecto.

 

Con frecuencia suele leerse esta recomendación: “no esperes resultados diferentes, si siempre haces lo mismo”. La falta de acción y de tomar decisiones se convierten en piedras que se atascan y nos da como resultado monotonía y hasta desidia.

 

Todos los días son diferentes, siempre surge algo nuevo, que nos obliga a movernos, pero somos nosotros quienes nos apegamos a ideas, lugares, personas, trabajos, modos de hacer las cosas y más, lo que también genera pasividad y afecta nuestra toma de decisiones. El querer hacer y no accionar nunca, se llama procrastinación: una manera de eludir responsabilidades, sustituyéndolas por otras que consideramos más agradables.

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Si postergamos el hacer, nunca podremos saber qué habríamos obtenido de haber tomado una decisión a tiempo. Tenemos el derecho a equivocarnos y enmendar; muchas veces la vida nos da la oportunidad de enrumbar de nuevo nuestra vida y la dejamos de lado por miedo u otras razones.

 

Es necesario, a cualquier edad, analizar las situaciones que nos rodean, nuestro comportamiento diario, rutinas que pudieran estar afectando la vida de otros, pero no nos tomamos el tiempo en meditarlas y mejor aún, cambiarlas.

 

A veces deseamos que una obra divina se produzca y nos saque de la zona de confort y nos resuelva los problemas sin nosotros hacer nada para cambiarlo. El momento es ahora.

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