Lo que digan los demás – Reflexión

Los demás ese conjunto de seres que deambulan de un lado a otro, que la mayoría de las veces no tienen nada que ver con nosotros mismos, pero cuyas palabras pueden repercutir en nuestro ser impidiéndonos lograr nuestras metas.

 

¿Cuántas veces no dejamos de decir o hacer por tomar en cuenta lo que otros puedan llegar a pensar o decir? Es bien sabido que ante un dolor o una angustia somos únicamente nosotros quienes podemos sufrirlos o responsabilizarnos por ello, ni siquiera la compasión de alguien minimiza lo que sentimos. Y estemos claros, cuando nos ponemos en el lugar de los demás lo hacemos pensando en nosotros mismos, “que mal me sentiría yo si estuviese pasando por eso”, entonces ¿por qué nos importa tanto la opinión de un tercero?

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Nunca vamos a poder complacerlos a todos, ante una decisión siempre surgirá el detractor, el que dice que él lo habría hecho mejor o el que cuestionará y creará rumores, buscando que los demás le den la razón. ¿Será ese escrutinio social el que molesta tanto? La opinión ajena se vuelve una traba para lo que sea que deseemos emprender. Un miedo aterrante surge ante la posibilidad de hacer un cambio visible en nuestras vidas, aunque no estemos del todo contentos con lo que estamos haciendo, la idea de modificarlo pasa primero por el tamiz de la opinión intrusa, misma que muchas veces está más en la mente que en la realidad, lo que nos deja sin acción.

 

Todo lo anterior se resume en que nos hemos acostumbrado a que nos aprueben, a que nos den su apoyo, confianza y un puntaje alto en nuestra reputación. Ser socialmente digno es un elevado perfil, que mucha gente se impone, aunque vaya en contra de sus anhelos. Parece que tener un prestigio es más importante que alcanzar los sueños.

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Al parecer esta manera de actuar está muy relacionada con la autoestima, cuando estamos conscientes de nuestras propias necesidades, del potencial que tenemos, los gustos e intereses y nos damos cuenta de nuestra propia independencia se nos hace más fácil tirar por la borda las creencias de los demás sobre nuestras vidas y seguir adelante con nuestros planes.

 

Aprender a no juzgar es un ejercicio importante para no encontrarnos también haciendo comentarios acerca de las decisiones de las demás personas. Para culminar agregaría que al pasar los años, eso que no hicimos por evitar las reacciones de otros, nos deja un vacío mayor, que lo que sí realizamos tratando de satisfacer a todos.

 

La vida es hoy, reacciona.
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