Corre por las redes, el video de una maestra en Caracas, que somete a correazos a unos niños en una escuela de tareas dirigidas. Esta acción condenable desde cualquier punto de vista, habla de una sociedad que aún mantiene el maltrato físico como una forma de aplicar correctivos en los niños y adolescentes.

 

Recientemente conversaba con un adulto que recordaba los maltratos que recibió en la niñez de una maestra, y que cuando dijo a sus padres que estaba siendo vejado por ella, con pellizcos y correazos, no le hicieron caso; quizá consideraron el hecho como algo normal. Motivo por el cual, él ahora se ha vuelto un visitante constante de la escuela donde estudia su hijo, y está alerta con el comportamiento de los docentes, para que este no sufra lo que él pasó. Y es que el maltrato físico nos deja secuelas muy difíciles de olvidar.

 

Me llama la atención la cantidad de imágenes que la gente comparte en las redes y el número de likes, que implica la aprobación de los demás, donde se muestra la chancleta, la correa, un palo u otro objeto de los que solían usarse antaño para disciplinar.
Como puede verse en la imagen anterior la atención se pone en el tipo de respuestas que han dado los estudiantes, pero no en la reacción del docente.

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Es común leer también las críticas que se hacen porque los niños y jóvenes de hoy reciben menos reprimendas con castigos físicos y tienen hasta ayuda psicológica, mientras que antes los métodos eran más agresivos y (supuestamente) sin implicaciones en la personalidad que requieriera ayuda extra.

 

La crítica que subyace es que hay más permisividad en la educación en el presente y que por ello son mayores los conflictos que presentan muchos jóvenes. Es algo que habría que analizar con mayor profundidad, donde por supuesto que la educación que reciben en casa es la responsable, sin embargo, la aplicación del castigo físico como herramienta disciplinaria es una práctica violenta que genera aún más violencia en el entorno. Ocasiona la pérdida de autoestima y crea patrones de agresividad verbal y física que les acarreará problemas de convivencia.
En momento donde aprendemos cómo adiestrar animales sin aplicar castigos físicos, se vuelve aún más contradictoria que las personas avalen prácticas negativas que se dieron en el pasado.
Me pregunto si la cantidad de personas que se manejan en su vida diaria con discusiones, maltrato verbal y hasta físico, no estarán arrastrando problemas por el tipo de crianza recibida.
He querido compartir esta reflexión en el Top10 de esta semana para conocer tu opinión.  Si deseas participar en este reto te invito a leer más aquí.
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