Dejo mi saludo y unas líneas que salen el día de hoy para la palabra y la manera cómo la asumimos.

 El agobio de la palabra

Irremediablemente,

como sanción perenne de mis ancestros,

vuelvo al agobio de la palabra.

Se queda conmigo,

se acurruca en mi almohada.

Aunque intento persuadirla

con su obstinación acostumbrada, a mi lado se instala.

En los sueños me baila para que la vea a ella, solo a ella.

Sin darme tiempo a nada me da los buenos días.

Me emplaza y me obliga a escudriñar su significado.

La modulo lentamente y me paso el día con ella en el centro de la lengua.

Solo quiero que no se acostumbre ahí,

podría soltarla a la ligera y repetir la ofensa.

Como quisiera morderla con fuerza

deshacerla con los dientes,

arrojarla muy lejos.

Palabra impertinente,

palabra malnombrada,

palabra maloliente,

palabra desgraciada.

Pero no se deja.

Es de esas impúdicas y necias que se acostumbra a mí.

Ahora, alojada en mis oídos.

Ha escuchado mi queja.

Creo que se ha enfadado.

Con visible tristeza, acepto su defensa.

Alabo su elocuencia.

Me habla de su inocencia,

de su pulcritud y aroma.

No es ella la insolente sino quien la menciona.


Contenido original

Imagen principal de mi archivo personal proporcionada por @panchocroquer


 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *