¡Hola, amigos de @club12!, reciban un afectuoso saludo, llegó el momento de participar en el #Reto12Votos, esta semana con un tema que me fascina.

Hago un poco de historia para recordarles que fue @pavelnunez quien inició esta dinámica de dejar una temática semanal,  para que todo el interesado participara en la misma y a su vez dejara comentarios en los post de los compañeros.  Contó con la ayuda de @avellana quien ha seguido desempeñándose en el liderazgo del @club12, equipo que cada vez más se va llenando de nuevos integrantes y proyectos.  Si deseas saber más acerca del #RetoTop12, te invito a pasar por aquí para que leas las reglas.

El reto de la semana 58 nos pide lo siguiente:

A partir de este título les exhortamos para detenerse y recordar sobre esa obra mágica y maravillosa que en algún momento te robó el sueño, analízala y danos tu aporte sobre ella. Elabora una buena reseña, pon en práctica tus habilidades en este nuevo reto. Te esperamos como siempre en esta nueva semana. Participa y disfruta escribiendo para este reto.

Realmente no puedo cumplir el reto tal como lo sugieren porque se me hace imposible seleccionar solo una.


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Comencé a leer literatura a la edad de once años a partir de la experiencia vivida con la lectura de Casas Muertas de Miguel Otero Silva. Estando en quinto grado unos peruanos pasaron por la escuela vendiendo unos textos y sin pensarlo me endeudé con cuatro pequeños libros uno de los cuales fue “Lazarillo de Tormes” de autor anónimo, es el libro que más he releído en mi vida.  Puedo decir que estas dos obras marcaron mi inicio como lectora asidua.

 

No comencé Casas Muertas por el primer capítulo “El Entierro”, yo buscaba algo que tuviera diálogos, abrí el libro y comencé a leer y hubo una escena que me despertó curiosidad, por lo que regresé un poco y a partir de allí seguí leyendo.  El personaje, Sebastián, se enfermó y yo acompañé a Carmen Rosa con oraciones y lágrimas, pero fue en vano porque murió.  Estaba muerto desde el comienzo; me decepcioné, pero quise vivir nuevamente todo lo que esa lectura me había provocado y fui tomando el resto de las obras que quedaban en la biblioteca de mi padre.  Era una colección de literatura venezolana por lo que desfilaron por mis ojos obras de Rómulo Gallegos, Teresa de la Parra, Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva, entre otros.

 

Luego llegó a mi vida Miguel de Unamuno, leí la Tía Tula y Niebla.  Conocí a Gabriel García Márquez por Cien Años de Soledad, recuerdo que mi padre me pedía que apagara la luz, pero esta era una obra de esas que uno desea leer de un tirón.  Allí siguió el desfile: La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, El Coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera y otras, entonces, me ocurrió que cada vez que conseguía una obra, que me gustaba, quería leer las otras de ese mismo autor, y continuó entonces: Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Isabel Allende, José Saramago, Milan Kundera, Mario Cortázar, Jorge Isaacs, y otros.

 

Este gusto a la lectura de obras literarias consiguió su sustento con mi entrada al pedagógico de Maracay, donde estudié Castellano y Literatura;  por razones obvias la lectura era parte importante y necesaria; luego  pasé dos décadas y media dedicada a la enseñanza en esta área.  Labor que me gustó muchísimo,  porque no había nada que me regocijara más, que los ojos brillantes de un alumno, cuando me abordaba y me decía que había terminado de leer una obra, entonces, necesitaba hablar de eso y deseaba además que le sugiriera otra para continuar leyendo.


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Hay obras que quitan el sueño, que generan angustia, como Teresa Raquin de Émile Zola, pienso que alguien pudiera entender el significado de la conciencia y el peso que tiene en la vida de cada uno,  si leyera esta obra, muy posiblemente no llevaría a cabo sus dañinos propósitos.

 

La realidad venezolana actual puede perfectamente encajar y verse representada en una obra como el “Ensayo sobre la Ceguera” de José Saramago, autor que escarba en la psicología humana y muestra nuestras miserias y comportamientos en las situaciones más absurdas.

 

Reflexionar sobre el amor que no termina nunca y que puede aún permanecer, aunque el individuo se despersonalice por las políticas de salud, se evidencia en una obra de Camilo José Cela, Pabellón de Reposo.

 

Con la lectura vivimos, amamos, odiamos, morimos, somos asesinos, justicieros, participamos de lo que quizá en la vida diaria no se nos haría posible, por eso siempre digo que es mejor leerlo que vivirlo.  Una de las  obras de lectura reciente, que me dejó emociones y reflexiones acerca de la guerra y el amor fue “La palabra más hermosa de Margaret Mazzantini, la cual recomiendo.


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Intento no contar películas, ni obras leídas, prefiero el comentario posterior, el que surge después de la lectura, la buena conversa, para no caer en el spoiler, sobre todo, porque tenemos gustos diferentes;  por ello  siempre les sugerí a mis alumnos, “no piensen en mí cuando estén leyendo, lean para ustedes”.

 

Es un tema que no tiene fin, yo sigo aquí buscando esa obra mágica y maravillosa,como todas las que he leído y que en su momento me dieron insumos para compartir con los míos, para seguir aprendiendo, soñando, disfrutando y viviendo.
El #Reto12Votos está diseñado para que todas las personas ganen. Se trata de leer, comentar y votar por otros participantes que harán lo mismo a cambio.

 


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