La Muerte de las Voces – Poema

El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice (Aristóteles) fuente.

Una a una fueron desfilando las palabras.

No entendían por qué debían dirigirse a un precipicio.

Estaban condenadas,

su significado era cuestionado.

Anonadadas asistían a un suicidio impuesto.

¡Qué imprudencia de alguna boca haberlas pronunciado en mal momento!

Ahora que yacían ahí, echadas en la hoguera del olvido,

pretendían resurgir de sus pavesas,

y  mostrarse grises pero vivas.

“Señor”, “dama”, “amor”, como fantasmas,

se asomaban de soslayo en las postrimerías de la mente

aunque ya no pesaban como una vez lo hicieron,

sabían que podían fortalecerse.

No eran ellas las nocivas,

sino la empobrecida mente del verdugo inclemente.

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