Escribir acerca de un tema en solo cinco minutos es la propuesta de @latino.romano.

 

Juan siempre fue muy melindroso, desde niño sentía rechazo a muchos alimentos y la mamá le había consentido siempre, escogiéndole los platos, porque nada le gustaba: la cebolla le sabía mal, igual la zanahoria y no se diga la remolacha.

 

La abuela también lo consentía. Le ofrecía por las tardes las arepitas dulces que tanto le gustaban. Un día se le ocurrió echarle anís para darle mejor gusto y también satisfacer las apetencias de los demás comensales quienes las hallaban así muy provocativas.

 

El resultado fue que el niño formó tremendo berrinche porque para él las arepitas sabían mal, esas pequeñas cosas parecían excremento de ratón y dijo que así no las comería más. La abuela entonces desistió de echarle cualquier condimento y él siguió saboreándolas a su gusto.

 

Ahora Juan se ha enamorado de una mulata caderona, hija de doña Rosa la dueña del restaurant Las Flores, que está a la entrada del pueblo; la hija sacó la misma sazón de la madre en la cocina y Juan no se queja, ahora pide las arepitas con papelón y bastante anís. Y la muchacha solo recibe halagos.

 

Su madre se queda viéndolo y mueve la cabeza a ambos lados, qué pícaro es Juan, dejó las mañas a un lado nada más que por estar enamorado.
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