Vengo por aquí con mi participación de esta semana para el #retotop10, algo que compartir, te invito a participar revisando las indicaciones aquí.

Cuando uno se enfrenta a este reto piensa en todas las aficiones que tiene, rescata fotografías de productos terminados generados por un hacer, un talento, un trabajo o un gusto es así como salen cuadros, manteles, poemas, cuentos, álbumes, plantas, entre otros.

 

También pueden surgir recuerdos de situaciones vividas que uno piensa pueden ser de utilidad para otros, el deseo de enseñar está siempre presente en quienes escogimos la docencia como estilo de vida.  Lo que hemos hecho en cursos y talleres y ha sido beneficioso lo exponemos para que también sirva de estímulo y sea productivo para nuestros lectores.

 

La riqueza gastronómica que nos caracteriza también es un buen tema para compartir porque es prácticamente lo que hacemos en la vida diaria, por eso también vemos recetas de cocina de platos salados o dulces, apoyadas en fotografías personales que dan testimonio de su elaboración y casi podemos decir que catamos su sabor y olor.

 

No puedo dejar de lado las mascotas, cada uno de nosotros que tiene a su lado un animalito que cuidar se esmera en compartir sus travesuras de tal manera que se nos hace familiar el mismo, un ejemplo de ellos es el popular “Nano”, que estoy segura que todos los del Club 12 saben a quién me refiero.

 

Pero me he extendido mucho y no les he dicho qué es lo que quiero compartir en este post.  En esta oportunidad no lo haré a título personal, sino en nombre de mis compañeros venezolanos, todos los de esta plataforma se sentirán identificados, por lo que el compartir será para quienes no viven en el país.

 

Quiero hablarles de  la PACIENCIA, como el don más generalizado que hemos aprendido a llevar cada uno de nosotros como una característica casi fenotípica que nos caracteriza y nos marca una manera de ser y estar.

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Nunca había evidenciado esta característica de manera tan poderosa como ahora, a pesar de haber hecho actividades que tienden a crear ese estado, no la había experimentado en su más profunda esencia, hasta este  abstracto presente.

 

No colapsar anímicamente, mantener la calma aún en los momentos más exasperantes, tratar de infundir ánimo aún con las propias fuerzas desvanecidas, asimilar el manido refrán “mal de muchos consuelo de tontos” sin perder la compostura y seguir adelante.

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Bajar la propia mirada para no encontrarnos con el panorama de otros ojos desanimados ante la respuestas repetidas de “no pasan las tarjetas o saldo insuficiente” mientras seguimos avanzando en busca de mejor suerte.

 

Paciencia para comprender, para estar, para soportar, para vivir, para asimilar que “no hay”, para explicarles a los pequeños qué “sí hay”, disfrazarles el miedo y contagiarles el agradecimiento por lo que sí tienen y aprender de ellos su nobleza e impregnarnos de su resiliencia para seguir jugando.

 

¿Qué les recomienda al venezolano?, pregunta una periodista a alguien que ostenta tener el conocimiento de lo que está pasando, y el individuo responde:  “Aguante”…

¡Vamos por más!

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