Elogio a la mentira

Con un caletre aprendido a fuerza de escuchar y repetir una y otra vez, los loros fueron tomando todos los espacios.

 

La oquedad de las palabras no les frena su verborrea aprendida y no conformes elaboran pancartas y volantes con sus frases ilógicas e incongruentes impuestas en su mente sin raciocinio.

Una cacatúa ha hecho unos hermosos dibujos y otras  toman fotografías, «diremos que son nuestras, que son nuestras obras, guardemos suficiente evidencia para la historia».

En la punta de sus débiles alas se han formado unos puñitos que ondean para acompañar sus peroratas, hábito también aprendido por imitación. “Somos guerridas, somos capaces” dice una lora vieja y las demás aplauden haciendo movimientos rápidos a los ojos.

 

Un loro miente y la lora lo mira con embeleso, arrobada dilata a su antojo la mirada, y asiente, es el permiso que todos los demás esperan para repetir el disparate. Ahora el rumor corre de pico en pico.

 

«Hemos creado la lorotunia», parlotea en una esquina una lora despeinada, sí, «lorotemos, lorotemos», aplauden todos espabilando con idénticos movimientos. «¿Supieron que nos van a arrancar las plumas?» Preguntó una lora visiblemente contenta y todos asintieron con algarabía. Alguien propuso que empezaran a arrancárselas de una vez para aliviarles el trabajo a los jefes y todos volvieron a aplaudir y crearon el slogan, “pelados y felices enloreceremos”.

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Por allí andan algunos queriendo protestar porque eso les parece una arbitrariedad, por eso se han organizado para marchar y defender su derecho a estar pelados, sin plumas, sin sueños, sin metas, sin pensamiento, sin coherencia, sin certidumbre, sin verdad, pero unidos lorotando, lorotando.

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